El té verde fue descubierto e introducido en la dieta humana por los chinos. Su utilización se remonta al año 2737 a.C., algo que se conoce gracias a las primeras referencias documentadas sobre sus propiedades saludables. Desde entonces, el té verde ha sido ampliamente empleado con fines medicinales, tanto para el bienestar mental como corporal.

Este tipo de té se obtiene a partir de hojas frescas de la planta Camellia sinensis. Su principal diferencia con el té negro es que sus hojas no son sometidas a oxidación durante el procesado de las mismas.Existen numerosas variedades de té verde, que difieren en las condiciones de cultivo, los periodos de recolección y los métodos de procesado.

Entre las sustancias contenidas en esta clase de té se encuentran principalmente los polifenoles y la cafeína. Concretamente los polifenoles serían los responsables de la ''paradoja asiática'', que hace referencia a las reducidas tasas de enfermedades cardiovasculares y a las bajas incidencias de cáncer entre la población de Asia, a pesar de las elevadas tasas de ciertos hábitos nocivos para la salud, como por ejemplo fumar. Así, se cree que los polifenoles y otros antioxidantes obtenidos mediante el consumo de té verde consiguen contrarrestar los efectos perjudiciales de esos malos hábitos y, además, situar la incidencia de dichas patologías por debajo de la media de otros países.
Por tanto, el consumo de té verde ha sido asociado con una mejor salud cardiovascular. De hecho, un meta-análisis de diversos estudios observacionales realizado en 2015 sugiere que la toma de una taza de té verde al día reduce un 5% el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

Por otro lado, el té verde no contiene ni un gramo de grasas o carbohidratos, mientras que sí aporta reducidas cantidades de proteínas vegetales. Además, su consumo también proporciona vitamina B2 o riboflavina, y muy pequeñas cantidades de vitamina B3 o niacina. También cuenta con diversos minerales entre sus componentes, como hierro, magnesio, manganeso, potasio y algo de sodio.
Por último, cabe destacar que el té verde cuenta con importantes cantidades de L-teanina, un aminoácido y ácido glutámico análogo con propiedades psicoactivas. Concretamente es un potenciador cognitivo, que fomenta el estado de alerta y mejora la capacidad de concentración y aprendizaje, así como la memoria. Por ello, el té verde es un sustituto ideal del café, siendo mucho más saludable y proporcionando efectos muy comparables. Además, la L-teanina estimula la neurogénesis y retrasa el deterioro cognitivo, por lo que el consumo de té verde podría ayudar a prevenir la aparición de enfermedades neurológicas degenerativas asociadas con el envejecimiento.